08/04/2020 / by Marcelo BONZÓN

Emprender e innovar en tiempos de pandemia

8 minutos de lectura

Por Marcelo Bonzón

De proyectar un 2020 para escalar en nuestros modelos de negocios, pasamos a pensar cómo vamos a pagar las cuentas. Está claro que lo primero es la salud, pero el coronavirus acabó infectando nuestros proyectos. Y como todo enfermo, necesitamos un tratamiento urgente para recuperarnos.

 

Buscando respuestas rápidas

Alguna vez escribí que todavía son muchas las personas que no toman decisiones por temor a equivocarse. No importa dónde: ya sea en nuestros hogares, en la universidad, en nuestras profesiones, en nuestros emprendimientos o en nuestras empresas, nos enfrentamos a diario a decisiones que deben tomarse y que no pueden postergarse. Dilatarlas, solo nos trae más problemas.

Hoy nos toca atravesar un contexto caótico, y emprendedores y autónomos debemos enfrentar una serie de problemas donde no está claro cómo encontrar las respuestas correctas a un montón de preguntas que se nos presentan. Las relaciones de causa y efecto son imposibles de determinar porque cambian constantemente, y no existen patrones de comportamiento que se puedan gestionar: solo se presentan turbulencias. Así, nos convertimos en los protagonistas de un escenario de “lo que no se puede saber”.

En todo contexto caótico, nuestro trabajo inmediato es “detener la hemorragia”. Primero, debemos actuar para establecer el orden, percibir dónde está presente la estabilidad y dónde no, y luego responder trabajando (sí, obvio que vamos a salir solo trabajando) para transformar la situación desde el caos hasta la complejidad. Debemos lograr identificar líneas de actuación que nos ayuden a prevenir crisis futuras y a detectar nuevas oportunidades. Y aunque nos guste la participación de otros, en este tipo de contextos simplemente no hay tiempo de esperar la ayuda de los demás. Debemos actuar ya, aunque sea solos.

Aunque nos resulte incómodo, este tipo de situaciones son las mejores para impulsar la innovación. Las personas están más abiertas a la novedad y al liderazgo en este escenario más que en cualquier otro. Y si nos quedamos esperando que pase todo así porque sí, hasta que la crisis termine, la oportunidad ya habrá pasado.

La Innovación en tiempos de pandemia

De las diferentes definiciones existentes acerca de la innovación, quizás el concepto de “innovación sistemática” que propuso el genial austríaco Peter Ferdinand Drucker, sea el más apropiado para estos tiempos de pandemia. ¿En qué consiste la innovación sistemática? Se trata de la búsqueda, organizada y con un objetivo, de cambios, y en el análisis sistemático de las oportunidades que esos cambios pueden ofrecer para la innovación social o económica (y le agregaría también ambiental). Porque como ya sabemos, es el cambio lo que siempre proporciona la oportunidad a lo nuevo y lo diferente.

Más allá de su desaparición física, Drucker sigue siendo hoy posiblemente el pensador y escritor más influyente en el ámbito de los negocios y de la administración de empresas. Y lo cito en este artículo porque me encanta cómo trata las fuentes de oportunidades para la innovación. En su libro “La innovación y el empresariado innovador”, plantea que la innovación sistemática tiene 7 áreas de oportunidades para innovar. Aquí, solo haré referencia a la primera de ellas: lo inesperado.

Esta “peste” (como le gusta llamar al presidente norteamericano al COVID-19) sí que fue inesperada. Nos tomó por sorpresa. Todos o al menos una buena mayoría de emprendedores y autónomos, recibimos un baldazo de agua fría que nos sumergió en un mar de incertidumbres. “¿Qué va a pasar?”, “¿Cuánto va a durar?”, “¿Cómo vamos a hacer para subsistir durante la cuarentena?”, “¿Qué haremos cuándo todo esto termine?”, “¿Qué podremos hacer?”, “¿Qué podríamos hacer ahora?”. Muchas preguntas. Pocas respuestas. Y cómo decía antes, simplemente no hay tiempo de esperar y hay que actuar de inmediato.

Lo inesperado se conforma de los éxitos, de los fracasos, de las sorpresas. Todos estos conceptos encubren un cambio profundo y por lo tanto una oportunidad. Y particularmente, un acontecimiento externo inesperado como esta pandemia, es una fuente de oportunidad para innovar.

Ojo que no estoy diciendo que innovar sea algo sencillo. De hecho, es todo lo contrario. Y ni siquiera podría decirse que es “algo natural”. Pero debemos estar en una permanente actitud de vigilancia del entorno y de mejora de nuestras capacidades. Porque si hay un camino directo para descubrir oportunidades de hacer negocios estables y sólidos, la innovación es como una suerte de mapa que nos permitirá llegar a ese destino.

Hoy vemos como el delivery de frutas y verduras resulta “lógico” en este contexto. Como afloraron la provisión de servicios que utilizan una “call” por Zoom, Skype, Hangouts, Duo, WhatsApp, etc., y que permite a un personal trainer seguir entrenando a sus alumnos, a los profes de arte seguir enseñando a pintar, a los speakers ofrecer sus cursos y seminarios, a coaches seguir trabajando en sus sesiones. Y la lista sigue.

Ahora bien, para tener éxito explotando algún acontecimiento inesperado, debe darse una aplicación de los conocimientos y de la experiencia que se tenga en un negocio. Los acontecimientos externos, o sea, lo que no se registran en la información y en las cifras, son importantes, pero no suficientes por sí mismos para innovar. Si no aprovechamos la experiencia que podamos haber acumulado, el fracaso está más cerca que el éxito. Entonces, este hecho externo inesperado va a representar una oportunidad de aplicarlo a algo nuevo o desarrollar algo nuevo, solo si aprovechamos la experiencia que hayamos acumulado.

La oportunidad que nos ofrece una sorpresa, un acontecimiento externo inesperado, está ahí, disponible. Es una gran oportunidad. Y cuando se produce promete mucho. Pero se necesita algo más que suerte o intuición. Exige que busquemos la innovación, nos organicemos para ella y nos dirijamos a ella.

El lado bueno de la crisis (y el malo)

Pensando lo que iba a escribir sobre la crisis en este artículo, de inmediato vino a mi mente la imagen de mi estimado colega Rubén Rico y ex director en la Maestría en Marketing Estratégico de la UCES en Argentina donde dicto clases. Él escribió allá por 1995 junto a Jorge Hermida “Marketing para momentos de crisis y recesión”, y decía que la crisis es una situación de fractura de un fenómeno que cambia, a veces abruptamente y otras, agotando una conducta y asumiendo otras.

En la misma obra se hace referencia a que la crisis en sí misma no es buena ni mala, que es un dato de la realidad y supone un conjunto de fuerzas que superan en su magnitud a cada una de las personas o de las empresas; que lo bueno o malo de las crisis surge de cómo estamos preparados para soportar sus consecuencias o para aprovechar las oportunidades que aparecen a partir de dicho cambio. Si no estamos preparados para el cambio, las amenazas nos muestran su cara hostil (porque estamos acostumbrados a una realidad anterior), y si por el contrario existe una actitud de flexibilidad para anticiparse al cambio, podemos aprovechar las oportunidades que aparecen y que provocan las crisis.

Así fue como esa obra literaria me motivó a reflexionar sobre algunas conductas de las personas con intención de emprender que he podido observar durante la crisis desatada por esta pandemia del nuevo coronavirus. Seguramente habrá muchas más, pero me enfoqué en analizar cuatro comportamientos o actitudes que desde mi óptica resultan evidentes:

  • Pánico: la desesperación moviliza a esta gente, y aunque ese grupo se muestre activo, no va en la dirección correcta. No utilizan sus capacidades para asumir el hecho inesperado, ni para adaptarse a la nueva situación. Aunque parezca un trabalenguas, su percepción de la “nueva” realidad todavía es poco realista. – “Esto es peor de lo que vos creés”, es la expresión dominante, y parecería que no es posible hacer nada para pensar y cambiar lo que está pasando.
  • Dejadez: con cierta posición de resignación, muchas personas dejan pasar la oportunidad de emprender porque los invade una sensación de fracaso, de desamparo. Están desanimadas, inmersas en un estado de fatiga permanente, como echadas al abandono. – “Ya no se puede hacer más nada”, es lo que se escucha en este grupo, y la energía negativa termina siendo una “trampa” que provoca su hundimiento.
  • Inmovilidad: este colectivo está conformado por aquellas personas que están en estado de shock por la situación inesperada. La sobrecarga de información, les genera todavía mucha más confusión, y en definitiva, siguen desorientadas. – “Me gustaría hacer algo, pero no se puede porque hay que quedarse en casa”, es lo que predica este grupo (¡como si no hubiese oportunidades de hacer un montón de cosas desde casa!).
  • Proactividad: este grupo es el que sabe que el cambio llegó para quedarse y lo asimilan. Son los que experimentan la sensación que se puede recuperar el control de la propia vida, y que más allá de los obstáculos existentes, es posible reencontrarse con la capacidad de trabajo, se muestran abiertos a buscar y a generar nuevas oportunidades.

Está claro que, si pretendemos dirigirnos a la innovación, tenemos que asumir una conducta proactiva. Debemos tener nuestra mente activa frente a este acontecimiento externo inesperado.

Aprovechemos esta situación para desarrollar nuestras capacidades. Antes teníamos la excusa de falta de tiempo. Ahora ya no. Ya nos quejamos por la situación desfavorable. Ya hicimos catarsis. Ahora aprovechemos las dificultades para crear oportunidades. Orientémonos a solucionar problemas. Mantengamos el control. Tomemos la iniciativa. Seamos responsables.

Aunque estemos en casa, separemos la vida personal y la laboral. Y enfoquémonos en el futuro. No podemos vivir centrados en el pasado, ni preocupados solo por el presente. El esfuerzo, la creatividad y el potencial, es lo que va a marcar la diferencia.

#MeQuedoEnCasa #PiensoEnMiCasa #EmprendoDesdeCasa

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6 COMMENTS

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